SAN MIGUEL DE LOS ANCHONDO, CHIHUAHUA

SAN MIGUEL DE LOS ANCHONDO, CHIHUAHUA

Misiones Coloniales
ANTECEDENTES HISTÓRICO CULTURALES La hacienda de San Miguel de los Anchondo y el poblado que lleva el mismo nombre, pertenecen al municipio de Santa Isabel. Esta región estuvo sometida a las misiones de los franciscanos desde el siglo XVII; en 1709, pasó a depender del Corregimiento de Chihuahua; en 1798, formó una Subdelegación Real y desde 1820 tiene categoría de municipio. Localizada junto al río Santa Isabel, fue fundada por los franciscanos en 1668 con el nombre de Santa Isabel de Tarahumares, misión que fue destruida por la sublevación de Tepómare; se repobló en 1668 y por mucho tiempo se le conoció con el nombre de Santa Isabel, hasta el 27 de octubre de 1932, cuando el Congreso del estado le asignó el nombre del general Ángel Trías (p), distinguido patriota que luchó en contra de los norteamericanos y los franceses y varias veces fue gobernador del estado. En el año de 1993, la quincuagésima séptima legislatura del Congreso local le regresa el nombre de Santa Isabel[1]. 1668 Se repobló y por mucho tiempo se le conoció con el nombre de Santa Isabel. 1788 Formó parte de la Subdelegación Real. 1820 Obtiene la categoría de municipio. 1918 Pasa a depender del Corregimiento de Chihuahua. 1933 El Congreso del estado le asigna el nombre de Ángel Trías. 1993 El Congreso le regresa su antiguo nombre de Santa Isabel. San Miguel tiene su origen como Capilla privada de lo que fue la hacienda de San Miguel de los Anchondo de la cual no queda ningún otro resto construido y se tiene una información histórica escasa, desconociendo la fecha exacta se sabe que el templo fue construido a finales de siglo XVIII, lo que lo convierte en una de las construcciones de Hacienda más antiguas del centro y norte del Estado. El dueño más antiguo del cual se tiene registro es Don Aniceto Anchondo, nieto de Don Juan Matías de Anchondo, uno de los 16 que con Deza y Ulloa fundaron la ciudad de Chihuahua; se sabe que la Hacienda y parte de los terrenos que aún subsisten de ella siempre han sido heredados entre familiares por lo que los dueños actuales son descendientes de la familia Anchondo. Con excepción de la torre campanario ubicada en la fachada, el templo posee originales la mayoría de sus componentes tanto estructurales como ornamentales, además de la cruz y el muro atrial, lo que lo convierte en una auténtica joya arquitectónica y artística.
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